Mónica, médico y superviviente de un linfoma
Mónica, médica y superviviente de un linfoma: un testimonio sobre afrontar la enfermedad desde dentro de la profesión. Una historia que inspira y da esperanza.
Hoy he recibido un testimonio que me apetece mucho compartir con todos vosotros. Mónica, como yo, es médica y durante su enfermedad quiso afrontarla de manera holística o integrativa, prestando atención al cuerpo y a la mente junto al tratamiento oficial. Os copio su correo:
Buenos días y gracias por tu libro y tu web.
Me encantó leer a alguien tan lúcida y de mi misma profesión.
Mi experiencia con el cáncer también me permitió hacer cambios en mi vida y por eso no reniego de esa época, sino que la veo como un aprendizaje. Como decía mi abuela, «lo que no te mata, te fortalece», y yo emergí de esa situación siendo mejor.
En el año 2012 creía ser feliz: tenía un trabajo que me apasionaba (directora de hospital), mis hijos estaban medianamente encaminados y tenía planeadas unas vacaciones en Italia durante un mes con mis dos hijos menores, pero… ¡me equivocaba! El diagnóstico (tras algunas vicisitudes en las que no me detengo para no alargar la historia) fue de linfoma no Hodgkin de células B grandes con metástasis en la glándula suprarrenal y la pleura.
Tras superar los primeros momentos de incertidumbre, supe que tenía muchas posibilidades de sobrevivir, pero para eso no solo debía encarar el tratamiento convencional, sino también descubrir qué me había llevado a esa situación.
Comencé un camino de descubrimiento y superación psicológica que me llevó a hacerme cargo de varios problemas que no quería ver: mi trabajo (en el que era muy buena) exacerbaba dos de mis grandes defectos, el perfeccionismo y el afán de control; mis hijos esperaban que yo solucionara todos sus problemas sin hacer nada para ayudar. Gracias a mi terapia psicológica pude hacer las paces con algunos problemas del pasado y cambiar.
En cuanto a la parte física, yo ya era vegetariana, pero seguía comiendo muchos dulces y alimentos procesados, así que empecé a poner más atención a mi alimentación y a caminar de forma regular, llegando a corre-caminar 5 km en una carrera en mi pueblo. Trato todos los días de manejar el estrés haciendo Reiki y meditación.
Te agradezco tu testimonio, porque hablar ayuda a los demás a no desanimarse.
Besos (espero no ser demasiado confianzuda, pero a partir de ahora eres uno de mis «amarillos», como dice Albert Espinosa, otro superviviente lúcido).

Gracias, Mónica, por compartir tu historia. Como ella misma cuenta, la base de su recuperación fue el tratamiento médico convencional; la alimentación, el ejercicio, el apoyo psicológico y las técnicas de relajación acompañaron a ese tratamiento. Un apunte sobre el Reiki: puede resultar agradable como técnica de relajación, pero no tiene evidencia científica como tratamiento del cáncer y no sustituye en ningún caso a la oncología. Si estás atravesando un diagnóstico, apóyate siempre en tu equipo médico.