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Escuela CUID-ARTE OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Mente y vida anticáncer

¿Por qué los niños no deberían usar teléfonos móviles?

Un artículo traducido sobre campos electromagnéticos, móviles y niños, revisado en 2026 con las correcciones y el contexto científico que le faltaban.

Actualizado el 4 min de lectura
Teléfono móvil sobre un escritorio infantil con libros y juguetes de madera

¿Por qué los niños no deberían usar teléfonos móviles sin moderación? Os copio, con algunas correcciones, un artículo publicado en El Nuevo Despertar que me parece interesante.

Nota de actualización (2026)

Este artículo es una traducción reproducida de naturalsociety.com (2012), un sitio que combina información real con afirmaciones exageradas sobre campos electromagnéticos. Al revisarlo en 2026 hemos corregido varias imprecisiones en el texto:

  • El estudio danés de 2008 que se cita no encontró que “el 54% de los niños” tuviera problemas de comportamiento: encontró un aumento del riesgo relativo (razón de momios de aproximadamente 1,5, y de 1,8 con exposición prenatal y posnatal combinada) en un estudio observacional con limitaciones conocidas (el uso de móvil de las madres se recogió por encuesta, recordado hasta 7 años después). Estudios posteriores con más cohortes han encontrado asociaciones más débiles o inconsistentes.
  • El estudio griego sobre “143 proteínas cerebrales” (Fragopoulou y Margaritis, 2012) es un estudio en ratones, no en personas, y ha recibido críticas metodológicas de otros investigadores por falta de réplica independiente — no demuestra un daño establecido en el cerebro humano.
  • No hay evidencia de que los “protectores EMF” (fundas, pegatinas, colgantes) reduzcan la exposición real a la radiofrecuencia; la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. ha sancionado a varias empresas por publicidad engañosa de este tipo de productos, que incluso pueden hacer que el móvil emita a más potencia para mantener la señal. Hemos eliminado esa recomendación del texto.
  • La revisión sistemática más reciente y rigurosa encargada por la OMS (Karipidis et al., 2024, Environment International) no encontró asociación entre la exposición a radiofrecuencia de los móviles y el glioma, el meningioma ni el cáncer infantil.

Mantenemos el resto del artículo como reflejo de una prudencia razonable: los niños tienen cráneos más finos y órganos en desarrollo, un motivo real para moderar el uso del móvil, aunque no una prueba de daño establecido.

El tema de los campos electromagnéticos (CEM) se está convirtiendo en una preocupación social. Presentes donde la electricidad nunca fluye, estas ondas invisibles generan dudas sobre su posible efecto en la salud de los organismos vivos. Debido a los avances en la tecnología, los campos electromagnéticos pueden encontrarse en dormitorios, aulas, patios de recreo, y básicamente en cualquier lugar gracias a nuestro mundo inalámbrico.

La tecnología se asocia cada vez más temprano a las generaciones más jóvenes, haciendo partícipes a niños menores en el uso de teléfonos móviles. Los teléfonos móviles, en particular, se han convertido en una preocupación importante: niños de tan solo 10 años de edad ya disponen de ellos.

Un reciente informe, con el autor principal John Wargo, Ph. D., profesor de Riesgos Ambientales y Políticas de la Universidad de Yale, plantea hasta qué punto los campos electromagnéticos podrían ser relevantes para la salud de los niños. El argumento central es que, debido a sus órganos en desarrollo, una menor densidad ósea del cráneo, un menor peso corporal, y una barrera hematoencefálica menos madura, los niños podrían absorber proporcionalmente más radiofrecuencia que los adultos con el mismo uso de móvil. Esta es una consideración de precaución razonable reconocida por organismos como la OMS, aunque no equivale a una prueba de daño confirmado.

Un estudio de 2008 realizado con la cohorte nacional danesa de nacimientos analizó el uso del móvil de las madres durante el embarazo y los problemas de comportamiento de sus hijos años después. Encontró un aumento moderado del riesgo relativo (no un porcentaje absoluto de niños afectados) asociado al uso prenatal y, más aún, al uso combinado prenatal y posnatal. Es un estudio observacional, con los sesgos propios de este tipo de diseño (recuerdo retrospectivo, posibles factores de confusión), y estudios posteriores con más cohortes no han replicado un efecto tan claro.

Un estudio griego con ratones (Fragopoulou y Margaritis, 2012) encontró que la exposición prolongada a radiofrecuencia de nivel similar al de un móvil alteraba la expresión de 143 proteínas en regiones cerebrales como el hipocampo, el cerebelo y el lóbulo frontal —importantes para el aprendizaje y la memoria—, incluso a niveles por debajo de las directrices de exposición vigentes. Al tratarse de un estudio preclínico en animales, sin réplica independiente hasta la fecha, no permite concluir un daño equivalente en el cerebro humano, aunque sí apunta a una vía biológica que merece más investigación.

A pesar de que limitar la exposición por completo es casi imposible, tomar medidas razonables para reducirla tiene sentido mientras la investigación avanza. Hablar menos por el móvil, usar el altavoz o los auriculares, y no llevarlo pegado al cuerpo de forma constante son formas sencillas de reducir la exposición, especialmente en el caso de los niños.

Traducción: El Nuevo Despertar Fuente original: naturalsociety.com

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