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Escuela CUID-ARTE OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Mente y vida anticáncer

Mireia (linfoma folicular): el cáncer fue una colleja para renacer

Testimonio de Mireia, diagnosticada de linfoma folicular con 35 años y dos bebés: la actitud, la alimentación y la meditación le devolvieron la esperanza.

Dra. Odile Fernández Actualizado el 4 min de lectura
Mireia, superviviente de linfoma folicular, sonríe junto a sus hijos

Hoy os traigo un testimonio que os va a llegar al corazón, el de una seguidora que ha tenido una experiencia muy positiva con el cáncer. Se llama Mireia y esta es su historia, en primera persona…

Conocí muy brevemente a Odile en una firma de libros en un Sant Jordi de 2014 en Barcelona. Justo me habían diagnosticado un linfoma folicular estadio IV. Yo casi no pude articular palabra de lo asustada que estaba por el diagnóstico, pero recuerdo que Odile me dijo: «pues yo te veo estupenda» y esa frase, y la información de su libro, me abrieron la puerta de la esperanza.

Quisiera compartir mi experiencia hasta ahora con el cáncer y espero dar un chute de esperanza a vuestros corazones.

Mireia sonriente con sus dos hijos pequeños tras el diagnóstico

Tras el diagnóstico. Buena cara delante de los pequeños… aunque por dentro temblase de puro pánico.

Con 35 años y madre de dos bebés de 2 y 1 año, aparece la amenaza del cáncer. En febrero de 2014 me diagnostican un linfoma folicular estadio IV, con la médula afectada. Al tratarse de un linfoma de bajo grado y estar asintomática, deciden proceder al protocolo de «watch and wait» (no actuar hasta presentar síntomas). El hecho de no actuar me causó mucho estrés y ansiedad, pero leer el libro de Odile me ayudó a entender que hay mucho que podemos hacer como pacientes.

En mayo de 2014 me realizan un PET-TAC y algunas adenopatías muestran reducción y alguna otra, aumento. La médula ya no aparece afectada, pero los médicos me dicen que podría ser por la máquina…

Profundizo en la dieta que ya había empezado y en otros tratamientos alternativos, así como en la meditación. Empiezo a notar cambios: ya no me duelen los huesos ni me crujen las articulaciones. Me siento más fuerte que nunca y desaparecen mis miedos a morir.

En junio de 2015 llega el TAC de control anual. Todas mis adenopatías han reducido hasta tres veces su tamaño y la más grande mide 12 mm en el abdomen. Cuando pregunto cuál es el tamaño normal en esa zona, mi hematólogo me dice que hasta 10 mm, pero que según la escuela hasta 15 mm.

Mireia tras uno de sus TAC de control

Tras el TAC.

Cuando le hablo de remisión espontánea, me responde con prudencia. Me dice que es casi imposible y que puede que en mi próximo TAC aparezcan mucho más grandes, y no quiere que me venga abajo, pero yo sé y siento que aquí ha pasado algo.

Quizás algún día me digan esas palabras mágicas: ¡remisión espontánea! Aunque, en realidad, nada cambiará, porque yo seguiré con esta filosofía de vida que tan bien me sienta. Así que, con cáncer o sin él, me siento sanada.

Una vez leí: «Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única salida», así que mucha fuerza para quienes estéis en pleno tratamiento, para quienes tengáis algún familiar, o para quienes, como yo, tenéis la incertidumbre de cómo saldrá el próximo TAC.

Confiar en tu cuerpo y tu mente, mantener una actitud positiva y nunca perder la esperanza creo que son las claves para poder disfrutar de la vida con plenitud pese a estar diagnosticado de cáncer.

No es que aconseje tener cáncer, pero para mí ha sido una auténtica bendición, y agradezco al cáncer por llamar a mi puerta, porque amo y siento la vida más que nunca.

Tras 20 años de menospreciarme a mí misma y con una baja autoestima, he hecho un giro radical gracias al cáncer. Algunos lo han descrito como un salto cuántico, aunque yo lo llamo despertar.

El cáncer, para mí, ha sido una colleja bien dada para darme cuenta de lo maravillosa que es la vida y amarme con todas mis virtudes e imperfecciones. Por eso, para mí, el cáncer no es una enfermedad, sino más bien un «collejón» por haber descuidado tanto mi cuerpo como mi alma.

He pasado de comer carne tres veces al día a ser vegetariana. No tomo lácteos, ni gluten, ni azúcares. De ser atea, a meditar a diario y sentir que hay algo maravilloso en todos nosotros, llámalo Dios o fuente: es lo mismo.

Gracias a mi terapeuta y a la meditación he descubierto a mi verdadero yo. He dejado atrás a aquella mujer que pretendía agradar a todo el mundo y me he permitido ser. Algo tan sencillo y, a la vez, tan complicado en esta sociedad en la que vivimos.

Y este camino no lo recorro sola. Tengo la fortuna de ir de la mano de mi familia, de mis amigos (los de verdad) y de gente nueva que he conocido en esta nueva etapa. Gracias a mi donante de leche materna por esos tarros llenos de vida, y a los profesionales de medicina alternativa que ven más allá de lo que dictan los protocolos y las estadísticas.

Y, por supuesto, gracias a mis dos hijos por darme la fuerza para tirar hacia adelante cuando creía hundirme.

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