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Escuela CUID-ARTE OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Oncología

Qué comer durante la radioterapia: guía práctica

Guía práctica de alimentación durante la radioterapia: cuánta proteína necesitas, qué comer según la zona irradiada y qué suplementos conviene consultar.

7 min de lectura
Mesa con crema de verduras, pescado blanco, yogur natural y compota de manzana en raciones pequeñas, con luz natural suave
En este artículo
  1. 01 ¿Por qué importa tanto la alimentación durante la radioterapia?
  2. 02 ¿Qué dice la evidencia sobre el consejo dietético?
  3. 03 ¿Cuánta proteína y cuántas calorías necesito?
  4. 04 ¿Qué comer según la zona irradiada?
  5. 05 ¿Los probióticos ayudan con la diarrea por radioterapia?
  6. 06 ¿Y la glutamina para la mucositis?
  7. 07 ¿Puedo tomar antioxidantes durante la radioterapia?
  8. 08 ¿Qué suplementos tienen más sentido durante la radioterapia?
  9. 09 ¿Tengo que comer aunque no tenga hambre?
  10. 10 ¿Puedo hacer ayuno intermitente durante la radioterapia?
  11. 11 ¿Y si pierdo peso aunque coma?

Durante la radioterapia conviene comer suficiente proteína y calorías, repartidas en tomas pequeñas y frecuentes, y adaptar la textura a los efectos de la zona irradiada. Mantener el peso mejora la tolerancia al tratamiento. El consejo dietético individualizado ha demostrado en ensayos mejores resultados que dejarlo al azar.

Lo importante en 30 segundos

  • El objetivo número uno no es “comer anticáncer”: es no perder peso ni músculo durante las semanas de tratamiento.
  • Los efectos dependen de la zona irradiada: no es lo mismo pelvis que cabeza y cuello o mama.
  • Un ensayo clásico demostró que el consejo dietético individualizado mejoró síntomas, calidad de vida y hasta supervivencia a largo plazo.
  • Come poco y a menudo: cinco o seis tomas pequeñas cunden mucho más que tres platos grandes cuando hay saciedad precoz.
  • Ojo con los antioxidantes en dosis altas durante la irradiación: no son inocuos y hay que consultarlos con tu oncólogo.

¿Por qué importa tanto la alimentación durante la radioterapia?

Porque la radioterapia es un tratamiento largo —muchas veces de tres a siete semanas, de lunes a viernes— y su tolerancia depende en buena medida de en qué estado llegas cada día. La irradiación daña también células sanas de división rápida en la zona tratada: mucosa de la boca, del intestino, piel. Reparar ese daño exige materia prima, y esa materia prima es la comida.

Cuando una persona pierde peso durante el tratamiento, no pierde solo grasa: pierde músculo. Y menos masa muscular significa más fatiga, peor cicatrización, más riesgo de interrumpir sesiones y peor calidad de vida. Por eso la guía práctica de la ESPEN sobre nutrición clínica en cáncer insiste en cribar el estado nutricional desde el inicio y actuar pronto, no cuando ya se han perdido seis kilos (PMID 33946039).

¿Qué dice la evidencia sobre el consejo dietético?

Hay un ensayo que me parece imprescindible divulgar. Ravasco y su equipo asignaron al azar a pacientes con cáncer colorrectal que iban a recibir radioterapia a tres grupos: consejo dietético individualizado, suplementos nutricionales o alimentación libre. El grupo que recibió acompañamiento dietético personalizado tuvo mejor ingesta, menos síntomas y mejor calidad de vida (PMID 15684319).

Lo interesante llegó años después: en el seguimiento a largo plazo, ese mismo grupo mantenía mejores resultados, incluida la supervivencia (PMID 23134880). Es un estudio con sus limitaciones —un solo centro, muestra no enorme—, pero apunta a algo que se cuenta poco: la alimentación durante el tratamiento no es un detalle de confort, es parte del tratamiento. Y sin embargo, casi nadie sale de la primera cita de radioterapia con una cita con nutrición.

¿Cuánta proteína y cuántas calorías necesito?

Las guías de nutrición oncológica manejan como referencia entre 25 y 30 kcal por kilo de peso y día y entre 1 y 1,5 gramos de proteína por kilo y día, ajustando siempre al caso concreto. Para una persona de 65 kg, eso son unos 65 a 95 gramos de proteína diarios: bastante más de lo que la mayoría comemos sin proponérnoslo.

Traducido al plato, la proteína está en la legumbre, el huevo, el pescado, el tofu y el tempeh, los frutos secos, el yogur y, si lo tomas, algo de carne blanca. Un truco que funciona: decide primero la proteína de cada toma y construye el resto alrededor. Si tragar cuesta, el colágeno hidrolizado Inmuno de OFM se disuelve en caldos, purés o batidos sin cambiar el sabor y suma gramos sin volumen. No sustituye a la comida: la acompaña.

¿Qué comer según la zona irradiada?

Esta es la pregunta que casi nunca se responde con concreción, y marca la diferencia.

Cabeza y cuello. Es la localización más exigente. Aparecen mucositis, sequedad de boca y alteración del gusto. Prioriza texturas blandas y húmedas: cremas, purés enriquecidos con aceite de oliva y huevo, pescado desmenuzado, compotas, yogur. Evita ácido, picante, muy salado, muy caliente y todo lo que raspe (tostadas, frutos secos enteros). Bebe a sorbos durante todo el día. Escribí una guía específica sobre las llagas y la mucositis que aquí viene al pelo.

Abdomen y pelvis. Lo más frecuente es la enteritis rádica: diarrea, gases, retortijones. Suele ayudar reducir temporalmente la fibra insoluble (salvado, piel de frutas, verdura muy fibrosa), la lactosa y la grasa fuerte, e ir a arroz, patata, zanahoria cocida, plátano maduro, pescado blanco. Hidratación constante, con caldos y agua con una pizca de sal. Tienes más detalle en este artículo sobre estreñimiento y diarrea.

Mama y tórax. Digestivamente es la mejor tolerada; el problema suele ser la piel y la fatiga. Aquí no hay que cambiar mucho la alimentación: mantener proteína, hidratación y un patrón de verdura, fruta, legumbre y aceite de oliva.

Esófago. Puede aparecer esofagitis con dolor al tragar. Textura suave, temperatura templada, tomas pequeñas y nada de alcohol ni tabaco.

¿Los probióticos ayudan con la diarrea por radioterapia?

Es una de las pocas intervenciones con datos razonables. Varios metaanálisis de ensayos aleatorizados encuentran que los probióticos reducen la incidencia de diarrea inducida por radiación en pacientes oncológicos (PMID 28575095 y PMID 31783578).

Dicho esto, las cepas y las dosis varían mucho entre estudios y la calidad es heterogénea. Y hay un matiz de seguridad importante: en personas con neutropenia grave, catéter central o inmunosupresión intensa, los probióticos no se toman sin autorización médica. Consúltalo con tu equipo antes de comprar nada.

¿Y la glutamina para la mucositis?

Se ha estudiado bastante en radioterapia de cabeza y cuello. Un metaanálisis de ensayos controlados encontró que la glutamina reduce la gravedad de la mucositis oral inducida por radiación (PMID 34240498). No es una respuesta cerrada: la vía de administración y las dosis difieren entre estudios y no todos los ensayos coinciden. Es una opción a plantear con tu oncólogo, no a comprar por tu cuenta.

¿Puedo tomar antioxidantes durante la radioterapia?

Con mucha prudencia, y aquí quiero ser especialmente clara porque circula lo contrario. La radioterapia actúa en parte generando radicales libres en el tejido tumoral; saturar el organismo de antioxidantes en dosis farmacológicas durante la irradiación podría, en teoría, restarle eficacia.

No es solo teoría. En un ensayo aleatorizado con pacientes de cabeza y cuello, quienes recibieron vitamina E y betacaroteno durante la radioterapia tuvieron menos efectos adversos agudos pero una tendencia a más recurrencias, especialmente entre fumadores (PMID 16027437). Los antioxidantes de la fruta y la verdura, en cantidades normales de alimentación, no están en discusión: comerlos es una buena idea. Lo que no recomiendo es tomar megadosis de vitaminas antioxidantes por tu cuenta durante las semanas de tratamiento. Consúltalo con tu oncólogo.

¿Qué suplementos tienen más sentido durante la radioterapia?

Los que cubren carencias reales, no los que prometen potenciar nada. La vitamina D merece revisión analítica, porque el déficit es muy común y afecta a hueso y músculo: en OFM tienes la vitamina D3 vegana con K2, magnesio y zinc, aunque la dosis ideal depende de tu nivel en sangre. Los omega 3 se han estudiado como apoyo para mantener peso y masa muscular en oncología; el aceite de krill Superba2 es una de las opciones. En ambos casos, la norma es la misma: enséñale la lista completa a tu equipo antes de empezar.

¿Tengo que comer aunque no tenga hambre?

Sí, y esta es probablemente la frase más útil de todo el artículo. Durante la radioterapia el hambre suele desaparecer justo cuando más falta hace comer. La estrategia que mejor funciona es dejar de esperar al apetito: come por reloj, cinco o seis veces al día, raciones pequeñas, y ten siempre a mano algo denso en nutrientes (un puñado de frutos secos molidos, hummus, yogur, un caldo enriquecido). Si el problema es la falta de ganas persistente, lo desarrollo en este artículo sobre la falta de apetito.

¿Puedo hacer ayuno intermitente durante la radioterapia?

Yo no lo recomendaría de forma general durante un tratamiento activo, y menos si ya hay pérdida de peso o riesgo de desnutrición. La investigación sobre ayuno y tratamientos oncológicos es interesante, pero todavía es preliminar y se está haciendo en el contexto de ensayos clínicos, con supervisión. El escenario real de la mayoría de pacientes en radioterapia no es “comer de más”: es no llegar. Consúltalo con tu médico antes de restringir nada.

¿Y si pierdo peso aunque coma?

Habla con tu equipo cuanto antes, sin esperar a la siguiente revisión. Una pérdida de más del 5 % del peso en tres meses ya es un motivo de derivación a nutrición clínica. Existen suplementos nutricionales orales financiados y pautas específicas que funcionan mucho mejor cuando se empiezan pronto. Pedir ayuda a tiempo aquí cambia el curso de todo el tratamiento. Y si además estás recibiendo quimioterapia, tienes una guía complementaria en qué comer durante la quimioterapia.

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