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OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Suplementos

Yodo, selenio y zinc para la tiroides: qué dice la evidencia

Yodo, selenio y zinc son los minerales que siempre aparecen en el hipotiroidismo. Qué ha demostrado cada uno, qué dosis se estudiaron y cuándo suplementar.

9 min de lectura
Mujer de mediana edad en la cocina de su casa junto a la ventana, con nueces de Brasil, almendras, un bote de sal, un pastillero de cristal y un lomo de pescado blanco sobre una tabla de madera
En este artículo
  1. 01 ¿Qué hace exactamente cada mineral en la tiroides?
  2. 02 ¿Cuánto yodo necesitas y por qué pasarse es un problema?
  3. 03 ¿Sirve el selenio en la tiroiditis de Hashimoto?
  4. 04 ¿Y el selenio cuando la tiroides va acelerada?
  5. 05 ¿Hace algo el zinc por la tiroides?
  6. 06 ¿Cuándo tiene sentido suplementar y cuándo no?
  7. 07 ¿Qué precauciones hay que tener siempre presentes?
  8. 08 ¿Puedo tomar selenio si estoy con levotiroxina?
  9. 09 ¿Cuántas nueces de Brasil equivalen a un suplemento de selenio?
  10. 10 ¿El alga kelp o el fucus son una buena forma de tomar yodo?
  11. 11 Si el selenio me baja los anticuerpos, ¿podré dejar la levotiroxina?
  12. 12 ¿La sal yodada es suficiente?
  13. 13 ¿Hay que analizar los niveles antes de suplementar?

La tiroides necesita yodo para fabricar sus hormonas y selenio para transformarlas y protegerse de la inflamación. El zinc participa, pero su papel es menor. De los tres, solo el selenio tiene ensayos clínicos sólidos en la tiroiditis de Hashimoto, y ninguno sustituye a la levotiroxina ni al seguimiento con tu endocrino.

Lo importante en 30 segundos

  • El yodo es la materia prima de la hormona tiroidea: sin él no hay función tiroidea, pero pasarse altera la glándula tanto como quedarse corto.
  • El selenio es el mineral con mejores datos: un metaanálisis de 35 estudios en tiroiditis de Hashimoto encontró descensos de TSH y de anticuerpos antiperoxidasa, con certeza moderada.
  • Bajar anticuerpos no es lo mismo que encontrarse mejor: ese salto todavía no está demostrado.
  • El zinc tiene mucha menos evidencia de la que sugieren las etiquetas: los estudios observacionales lo asocian a mejor función tiroidea, pero los ensayos no lo confirman.
  • Las algas tipo kelp o fucus son la forma más fácil de pasarse de yodo sin darte cuenta.

Cuando alguien recibe un diagnóstico de hipotiroidismo o de tiroiditis de Hashimoto, la primera búsqueda suele ser la misma: qué puedo tomar para que mi tiroides funcione mejor. Y ahí aparecen siempre los mismos tres nombres: yodo, selenio y zinc. Los tres son reales, los tres participan de verdad en el metabolismo tiroideo y los tres se venden en cápsulas con mensajes que prometen bastante más de lo que la ciencia sostiene. Merece la pena separar lo que sabemos de lo que nos gustaría saber.

¿Qué hace exactamente cada mineral en la tiroides?

El yodo es la materia prima. Las hormonas tiroideas se llaman T4 y T3 precisamente por el número de átomos de yodo que llevan dentro. Sin yodo suficiente la glándula no puede fabricarlas, se agranda intentando captar más y aparece el bocio. Es el clásico ejemplo de nutriente insustituible: ningún otro mineral puede ocupar su lugar.

El selenio entra después. Las enzimas que convierten la T4 (la forma de reserva) en T3 (la forma activa) son selenoproteínas: necesitan selenio para existir. Y la glándula tiroides es, por gramo de tejido, el órgano que más selenio concentra de todo el cuerpo, porque fabricar hormona genera peróxido de hidrógeno y hacen falta enzimas dependientes de selenio para neutralizarlo. De ahí el interés en las tiroiditis autoinmunes, donde hay inflamación mantenida.

El zinc participa en los receptores que permiten que la hormona tiroidea actúe dentro de la célula, y también en algunas enzimas del metabolismo tiroideo. Su papel es real, pero mucho más secundario, y la evidencia clínica es considerablemente más débil.

¿Cuánto yodo necesitas y por qué pasarse es un problema?

Las recomendaciones internacionales sitúan las necesidades de un adulto en torno a 150 microgramos diarios, y las elevan durante el embarazo y la lactancia, etapas en las que en España sí se recomienda un suplemento específico cuya cantidad marca tu matrona o tu endocrino.

Lo que casi nadie cuenta es la otra mitad de la historia: con el yodo, la curva no es una recta ascendente sino una U. Un exceso mantenido puede inducir hipotiroidismo (el llamado efecto Wolff-Chaikoff) o, en personas predispuestas, desencadenar hipertiroidismo. En una glándula ya inflamada por una tiroiditis autoinmune, el exceso de yodo puede empeorar el cuadro.

¿De dónde viene ese exceso? Rara vez de la comida corriente. Viene de los suplementos de algas: kelp, fucus, kombu. Un solo gramo de alga seca puede contener varios miles de microgramos de yodo, decenas de veces la cantidad diaria recomendada, y el contenido varía tanto de un lote a otro que ni la etiqueta lo refleja con fiabilidad. Con sal yodada, pescado y lácteos, la mayoría de la población española cubre sus necesidades sin necesidad de cápsulas.

¿Sirve el selenio en la tiroiditis de Hashimoto?

Aquí sí tenemos números. Un metaanálisis publicado en Thyroid en 2024 (Huwiler y cols., PMID 38243784) revisó 35 estudios en personas con tiroiditis de Hashimoto. En quienes todavía no tomaban levotiroxina, el selenio redujo el TSH; y tanto en tratadas como en no tratadas redujo de forma bastante clara los anticuerpos antiperoxidasa (TPOAb) y un marcador de estrés oxidativo. Los efectos adversos fueron comparables al placebo. La certeza global de la evidencia se calificó de moderada, que en este terreno es bastante.

Ahora la letra pequeña, que es la parte importante. El selenio no modificó la T4 libre ni la T3 libre. Y bajar anticuerpos no equivale automáticamente a encontrarse mejor, a necesitar menos levotiroxina o a frenar la evolución de la enfermedad a largo plazo: eso es justo lo que los estudios todavía no han demostrado, porque casi ninguno midió síntomas o calidad de vida durante años. Tenemos un buen resultado analítico esperando confirmación en lo que de verdad le importa a la persona.

Las dosis usadas en la mayoría de esos ensayos rondaron los 100-200 microgramos diarios, habitualmente en forma de selenometionina, durante tres a seis meses. Más no es mejor: en el gran ensayo de prevención SELECT (Lippman y cols., JAMA 2009, PMID 19066370), 200 microgramos diarios durante años no previnieron el cáncer de próstata, y el selenio en exceso sostenido tiene su propia toxicidad, con caída de pelo y uñas quebradizas entre los primeros avisos.

¿Y el selenio cuando la tiroides va acelerada?

En la enfermedad de Graves con afectación ocular leve hay un ensayo aleatorizado y controlado publicado en The New England Journal of Medicine (Marcocci y cols., 2011, PMID 21591944): 159 pacientes recibieron selenio (100 microgramos dos veces al día), pentoxifilina o placebo durante seis meses. El grupo de selenio mejoró su calidad de vida, tuvo menos afectación ocular y la enfermedad progresó más despacio, y el efecto seguía visible a los doce meses. Es uno de los pocos casos donde un mineral tiene un ensayo bien hecho detrás, y por eso las guías europeas lo contemplan en ese escenario concreto. Ojo: ese escenario concreto, no “la tiroides” en general, y siempre dentro del tratamiento que lleve tu endocrino.

¿Hace algo el zinc por la tiroides?

Menos de lo que promete el envase. Una revisión sistemática publicada en Nutrition Reviews (O’Kane y cols., 2018, PMID 29596650) analizó 57 trabajos sobre micronutrientes y función tiroidea. La conclusión es honesta y poco entusiasta: los estudios observacionales asocian mejores niveles de selenio, zinc y hierro con mejor estatus de yodo y mejor perfil hormonal, pero los ensayos aleatorizados no confirman esa relación.

Traducido: si tienes un déficit de zinc, corregirlo es sensato por muchas razones. Si no lo tienes, añadir zinc no va a mejorar tu analítica tiroidea. Y conviene recordar que el zinc en exceso mantenido interfiere con la absorción de cobre, así que tampoco es un mineral para tomar “por si acaso” durante años.

¿Cuándo tiene sentido suplementar y cuándo no?

Mi forma de ordenarlo es sencilla. Primero, la comida: pescado y marisco, huevos, lácteos y sal yodada aportan yodo; el pescado, los huevos, las legumbres y los frutos secos aportan selenio y zinc. Las nueces de Brasil son el caso extremo: una sola puede rondar los 50-90 microgramos de selenio, aunque su contenido varía muchísimo según el suelo donde creció el árbol, de modo que como fuente son eficaces pero poco predecibles.

Segundo, el análisis: tiene mucho más sentido suplementar cuando hay un déficit documentado o una situación concreta (tiroiditis autoinmune con anticuerpos altos, dietas muy restrictivas, problemas de absorción) que tomar minerales a ciegas. En la fórmula TyroVita de OFM reunimos selenio, zinc y yodo en cantidades de mantenimiento, pensadas para acompañar a una alimentación cuidada, no para sustituir a un tratamiento.

Y tercero, la realidad: si tu cansancio no mejora, quizá el problema no esté en la tiroides. Te lo cuento con calma en este artículo sobre el cansancio que no se va, porque hay bastantes causas que se confunden con el hipotiroidismo.

¿Qué precauciones hay que tener siempre presentes?

  • Si tomas levotiroxina, los suplementos con minerales (sobre todo hierro y calcio, pero también algunas fórmulas multiminerales) pueden reducir su absorción si se toman a la vez. La norma práctica: levotiroxina en ayunas y los minerales separados al menos cuatro horas.
  • Si estás embarazada o buscando embarazo, el yodo es cosa de tu matrona o tu endocrino, no de internet.
  • Si tienes hipertiroidismo o nódulos autónomos, el yodo extra puede ser directamente contraproducente.
  • Si tomas anticoagulantes o inmunosupresores, comenta cualquier suplemento nuevo antes de empezar.
  • Revisa los multivitamínicos que ya tomas: es muy fácil duplicar yodo o selenio sin darse cuenta. Esa es, de hecho, la razón por la que una fórmula tiroidea como TyroVita lleva cantidades de mantenimiento y no dosis de choque: se diseñó para sumarse a la dieta, no para acumularse sobre otros botes.

Y una regla que sirve para casi todo: si empiezas algo nuevo, que sea una cosa cada vez y con una analítica antes y después. Si no, no sabrás qué ha funcionado.

¿Puedo tomar selenio si estoy con levotiroxina?

En general sí, y de hecho buena parte de los participantes de los estudios lo estaban. Lo que conviene es separarlo de la toma de la levotiroxina (la hormona en ayunas, el suplemento en otra comida) y avisar a tu endocrino, porque si tu función tiroidea se mueve querrá saber qué has cambiado. Nunca ajustes tú la dosis de levotiroxina por tu cuenta.

¿Cuántas nueces de Brasil equivalen a un suplemento de selenio?

Una o dos al día cubren de sobra las necesidades de un adulto, pero con una salvedad grande: el contenido depende del suelo de origen y puede multiplicarse por diez entre lotes. Por eso no son una forma fiable de alcanzar una dosis concreta, y por eso tampoco conviene comerlas a puñados pensando que “más selenio es mejor”.

¿El alga kelp o el fucus son una buena forma de tomar yodo?

Es la forma que más problemas genera. Su contenido en yodo es altísimo y muy variable, y son la causa más frecuente de alteraciones tiroideas por exceso de yodo en personas que creían estar haciendo algo saludable. Si necesitas yodo, la sal yodada y la alimentación habitual son opciones mucho más predecibles, y si buscas un aporte controlado, cualquier fórmula seria (la nuestra incluida) te dirá exactamente cuántos microgramos lleva cada cápsula.

Si el selenio me baja los anticuerpos, ¿podré dejar la levotiroxina?

No es lo que dicen los estudios. El descenso de anticuerpos es un resultado de laboratorio; que eso se traduzca en recuperar función tiroidea y poder retirar el tratamiento no está demostrado. La levotiroxina se ajusta solo con analíticas y solo con tu médico.

¿La sal yodada es suficiente?

Para la mayoría de la población, sí, siempre que se use de forma habitual en casa (y teniendo en cuenta que la sal de los alimentos procesados normalmente no está yodada). Consérvala en un bote cerrado y lejos del calor, porque el yodo se pierde con el tiempo y la humedad.

¿Hay que analizar los niveles antes de suplementar?

Es lo más razonable en el caso del selenio y del zinc, y lo habitual en la tiroides es pedir TSH, T4 libre y anticuerpos antiperoxidasa. El yodo se valora en orina y su interpretación es poblacional más que individual, así que no siempre aporta. Habla con tu médico de qué tiene sentido pedir en tu caso concreto.


Si quieres entender de dónde salen estas recomendaciones y qué ocurre con otras plantas que se recomiendan a la ligera en tiroides, te interesa lo que sabemos sobre la ashwagandha en el hipotiroidismo y la composición de TyroVita y por qué lleva lo que lleva.

Este artículo es información divulgativa y no sustituye la valoración de tu médico o tu endocrino. Si tienes una enfermedad tiroidea diagnosticada, cualquier cambio en tu suplementación debería comentarse con quien lleva tu seguimiento.

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