Pérdida de peso y de músculo en el cáncer: qué es la caquexia
Perder más del 5 % del peso en seis meses sin querer tiene nombre: caquexia. Qué es, por qué no se arregla solo comiendo más y qué dicen hoy las guías.
En este artículo
- 01 ¿Qué es exactamente la caquexia?
- 02 ¿Se puede tener caquexia con sobrepeso?
- 03 ¿Por qué pierdo músculo si estoy comiendo?
- 04 ¿Cuánta proteína hace falta?
- 05 ¿Sirve el ejercicio si estoy sin fuerzas?
- 06 ¿Y los suplementos? ¿Hay alguno con datos?
- 07 ¿Qué dicen las guías sobre los medicamentos?
- 08 ¿Hay algo nuevo?
- 09 ¿Cuándo tengo que avisar sin esperar a la próxima cita?
Perder peso sin querer durante un cáncer no es un detalle menor ni una buena noticia, aunque sobren kilos. Cuando la bajada pasa del 5 % en seis meses, hablamos de caquexia: un cambio del metabolismo que hace perder músculo y que no se arregla solo comiendo más. Conviene detectarlo pronto.
Lo importante en 30 segundos
- La cifra que importa: más del 5 % del peso perdido en seis meses sin proponértelo. Con un IMC por debajo de 20, basta con más del 2 %.
- No es solo que comas poco. El consenso internacional lo define como un cambio del metabolismo que no se corrige del todo con alimentación, por buena que sea.
- Lo que se pierde es músculo, y eso se nota en la fuerza, en la fatiga y en cómo se tolera el tratamiento. La báscula es solo el aviso.
- Las guías no reconocen ningún fármaco como tratamiento estándar. Sí recomiendan asesoramiento nutricional y descartan el uso rutinario de sondas y nutrición intravenosa.
- Hay novedad reciente y modesta: la olanzapina a dosis baja mejoró apetito y peso en un ensayo, y las guías la incorporaron. Es una decisión de tu oncólogo, no un suplemento.
Este es uno de esos temas de los que se habla poco y se consulta tarde. Se tiende a pensar que adelgazar durante el tratamiento es inevitable, o incluso que «así se quitan unos kilos de más». Y las dos ideas hacen daño.
Te cuento qué sabemos, qué se mide y qué está en nuestra mano, con las guías delante.
¿Qué es exactamente la caquexia?
Un consenso internacional publicado en The Lancet Oncology la definió como un síndrome multifactorial caracterizado por una pérdida continuada de masa muscular, con o sin pérdida de grasa, que no se puede revertir por completo con el soporte nutricional convencional y que lleva a un deterioro progresivo de la función.
Esa última parte es la que cambia la conversación. No es un problema de voluntad ni de comer con más ganas: hay un balance negativo de proteínas y energía empujado por dos cosas a la vez, que se come menos y que el metabolismo trabaja de otra manera.
Los criterios que acordaron son claros y los puedes mirar en casa:
- Pérdida de peso mayor del 5 % en los últimos seis meses, sin intención de perderlo.
- O pérdida mayor del 2 % si ya hay un índice de masa corporal por debajo de 20.
- O pérdida mayor del 2 % si ya hay pérdida de masa muscular (sarcopenia).
Y describieron tres fases: precaquexia, caquexia y caquexia refractaria. Esto importa mucho, porque en la primera fase es cuando más se puede hacer. De ahí mi insistencia en pesarse y en decirlo.
¿Se puede tener caquexia con sobrepeso?
Sí, y es la confusión que más veo.
La caquexia se define por la pérdida de músculo, no por el aspecto. Una persona con un índice de masa corporal de 30 que ha perdido ocho kilos en cuatro meses y ha perdido fuerza está en la misma situación de riesgo, aunque en la consulta nadie la vea «delgada». Esa pérdida enmascarada es justo la que llega tarde.
Por eso te pido dos cosas muy concretas:
- Pésate una vez a la semana, siempre en las mismas condiciones, y apúntalo. Un número en un cuaderno vale más que una impresión.
- Dilo en la consulta aunque no te pregunten. «He perdido cuatro kilos desde enero sin querer» es una frase que cambia decisiones.
¿Por qué pierdo músculo si estoy comiendo?
Porque hay dos frentes y la alimentación solo cubre uno.
El primero es que se come menos, y casi siempre por motivos que tienen nombre y solución parcial: las náuseas, las llagas en la boca, el cambio de sabor, el estreñimiento, el cansancio que hace que cocinar sea imposible. Esa parte sí se puede trabajar, y de hecho es donde más resultados veo. Si es lo tuyo, te dejo qué hacer cuando no hay apetito, que es el artículo más práctico que tengo sobre esto.
El segundo frente es metabólico: hay inflamación y un estado catabólico que consume proteína muscular aunque la comida entre. Ahí la alimentación no lo resuelve todo, y es honesto decirlo. Lo que sí hace es frenar la caída y dar material para reconstruir cuando el tratamiento lo permita.
¿Cuánta proteína hace falta?
Más de lo habitual, y esto sorprende a mucha gente.
Las guías prácticas europeas de nutrición en cáncer (ESPEN) recomiendan subir el aporte de proteína por encima de 1 gramo por kilo de peso al día, acercándose a 1,5 g/kg, bastante por encima de lo que se considera suficiente para una persona sana. Las cantidades concretas y cómo repartirlas las tienes en cuánta proteína al día a partir de los 50.
En la práctica, lo que mejor funciona cuando el apetito es poco:
- Comidas pequeñas y frecuentes, cinco o seis, en lugar de tres platos que intimidan.
- Enriquecer sin aumentar el volumen: aceite de oliva virgen extra, huevo, leche en polvo o bebida de soja en purés y cremas, tahini, frutos secos molidos, queso fresco.
- Que la proteína esté en el primer bocado del día. Cuando el apetito se apaga a lo largo de la jornada, el desayuno es la comida más rentable.
- Beber fuera de las comidas, para no llenarse con líquido.
Y un recordatorio incómodo pero necesario: los batidos hiperproteicos de farmacia tienen su sitio, pero son un apoyo cuando la comida no llega, no un sustituto de ella.
¿Sirve el ejercicio si estoy sin fuerzas?
Sirve, aunque sea poco y suave, porque es el único estímulo que le dice al cuerpo que ese músculo hace falta.
Aquí tengo que ser transparente con la evidencia: una revisión Cochrane de 2025 sobre intervenciones multimodales reunió nueve ensayos y 926 personas combinando nutrición, ejercicio y fármacos, y la certeza de la evidencia fue muy baja en todos los desenlaces. No encontró un efecto claro sobre función física, fuerza o peso. Dicho con todas las letras: no tenemos ensayos buenos que demuestren que el paquete completo funcione.
Lo que sí tenemos es un mecanismo sólido, mucha experiencia clínica y el dato de que el ejercicio ayuda en la fatiga, que es otra cosa y está mejor estudiada. Por eso mi postura es: trabajo de fuerza suave y adaptado, dos o tres veces por semana, acordado con tu equipo y con fisioterapia si hay acceso.
No hablamos de gimnasio. Hablamos de levantarse de la silla diez veces, de una goma elástica sentada, de caminar lo que se pueda. Lo poco sostenido gana a lo mucho abandonado.
¿Y los suplementos? ¿Hay alguno con datos?
Con datos sólidos para la caquexia, hoy no hay ninguno que pueda presentarte como solución. Y prefiero decírtelo así antes de que lo leas en otra parte con más entusiasmo que rigor.
Lo que hay es apoyo razonable en algunos puntos concretos. La creatina es el que tiene mejor perfil de seguridad y un mecanismo que encaja con el problema, porque su papel está en la masa y la función muscular; lo repaso con lo que sabemos y lo que no en creatina en pacientes oncológicos, y si tu oncólogo lo ve bien, la creatina monohidrato de OFM es la forma estudiada. El omega 3 se ha investigado mucho en este contexto con resultados desiguales; el aceite de krill de OFM es una opción si decides tomarlo, y la vitamina D3 de OFM tiene sentido si tu analítica está baja, porque el déficit se asocia a menos fuerza.
Ninguno de los tres entra sin que lo sepa tu oncólogo. Y ninguno sustituye a la comida.
¿Qué dicen las guías sobre los medicamentos?
Esta es la parte que más me gusta contar, porque es un ejemplo de ciencia honesta.
La guía de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) de 2020 revisó 20 revisiones sistemáticas y 13 ensayos adicionales y concluyó algo poco habitual en una guía: ningún fármaco puede recomendarse como tratamiento estándar, y el clínico puede legítimamente decidir no prescribir nada específico para la caquexia. Si se decide probar algo para el apetito o el peso, las opciones disponibles eran los análogos de la progesterona y los corticoides durante pocas semanas.
Y recomendó dos cosas más que conviene saber: ofrecer asesoramiento nutricional a la persona y a quien la cuida, y no usar de forma rutinaria sondas de alimentación ni nutrición intravenosa. Eso no significa que no tengan indicación en casos concretos; significa que no son el camino por defecto.
¿Hay algo nuevo?
Sí, y es modesto pero real. En 2023 ASCO publicó una actualización rápida de esa misma guía a raíz de un ensayo que cambió el panorama.
Ese ensayo, aleatorizado y doble ciego frente a placebo publicado en Journal of Clinical Oncology, dio olanzapina a dosis baja (2,5 mg al día durante 12 semanas) a personas que empezaban quimioterapia por cáncer gástrico, hepatobiliopancreático o de pulmón avanzado. De 124 participantes, en el grupo con olanzapina el 60 % ganó más del 5 % de peso, frente al 9 % con placebo, y el apetito mejoró en el 43 % frente al 13 %. También tuvieron mejor calidad de vida, mejor estado nutricional y menos toxicidad por la quimioterapia, con efectos secundarios atribuibles al fármaco mínimos.
Hay que ponerlo en contexto: es un ensayo, en un solo centro, en tipos concretos de tumor y al inicio del tratamiento. No es la respuesta definitiva. Pero es un medicamento barato, conocido y bien tolerado, y por eso las guías lo recogieron tan rápido.
Lo que te pido que hagas con este dato: si estás perdiendo peso y apetito, llévalo a tu consulta y pregunta. La olanzapina es un fármaco con receta y con efectos propios; no es algo que se decida en casa ni algo que puedas comprar como complemento.
¿Cuándo tengo que avisar sin esperar a la próxima cita?
Pide cita antes si aparece cualquiera de estas:
- Has perdido más del 5 % de tu peso en seis meses sin querer, o más de dos kilos en un mes.
- Llevas más de tres días comiendo muy poco o casi nada.
- Notas que te cuesta lo que antes no te costaba: subir escaleras, levantarte del sofá, cargar la compra.
- Hay un síntoma que te está impidiendo comer: llagas, náuseas, dolor al tragar, estreñimiento importante.
Ese último punto es el más agradecido de todos, porque muchas veces se resuelve o se alivia bastante, y con él vuelve parte de la comida.
Perder peso durante un cáncer no es algo que tengas que aceptar en silencio. Es un síntoma, se mide, se nombra y se trabaja, y cuanto antes se pone sobre la mesa, más margen hay. Coméntalo con tu oncólogo o pide valoración por nutrición oncológica: esto es divulgación para que sepas qué preguntar, no una pauta para tu caso.