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Escuela CUID-ARTE OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Oncología

Alimentación antes y después de una cirugía oncológica

Cómo preparar el cuerpo para una cirugía oncológica: proteína, prehabilitación, qué suplementos hay que suspender y por qué ya no se ayuna doce horas.

10 min de lectura
Mujer de unos cincuenta y cinco años comiendo en la mesa de su cocina con luz de mañana, con un plato de lentejas con verduras, un cuenco de yogur con fruta y un vaso de agua, y unas zapatillas de caminar en el suelo
En este artículo
  1. 01 ¿Qué es la prehabilitación y para qué sirve de verdad?
  2. 02 ¿Cuánta proteína necesito antes y después de operarme?
  3. 03 ¿Sirven los suplementos para cicatrizar mejor?
  4. 04 ¿Tengo que suspender los suplementos antes de la cirugía?
  5. 05 ¿Sigo teniendo que estar doce horas en ayunas?
  6. 06 ¿Qué como en los días siguientes a la operación?
  7. 07 ¿Y el estreñimiento y la falta de apetito de después?
  8. 08 ¿Qué haría yo si me acabaran de dar fecha de quirófano?

Las semanas previas a una cirugía oncológica son la parte del tratamiento que casi nadie aprovecha. Llegar con buena masa muscular, buen estado nutricional y sin ayunos innecesarios se asocia a menos complicaciones y mejor recuperación funcional. Y lo que más pesa no es un bote: es proteína, movimiento y no llegar en ayunas de doce horas.

Lo importante en 30 segundos

  • Lo que más se ha estudiado antes de operar es la prehabilitación: ejercicio, nutrición y apoyo psicológico juntos. Mejora la recuperación funcional después de la cirugía, aunque no acorta el ingreso.
  • La inmunonutrición (fórmulas con arginina, nucleótidos y omega-3) reduce infecciones y fugas de sutura en cirugía digestiva oncológica. No es un suplemento de tienda: la prescribe el hospital.
  • El omega-3 por su cuenta no sirve para eso. Los datos son claros y conviene saberlo antes de gastarse el dinero.
  • Los protocolos actuales han eliminado el ayuno de doce horas y las preparaciones agresivas: se bebe una carga de hidratos hasta pocas horas antes y se vuelve a comer pronto.
  • Muchos suplementos hay que suspenderlos antes de operar por riesgo de sangrado o interacción con la anestesia. Lleva la lista completa a tu cirujano y a tu anestesista.

Cuando llega la fecha de una operación, la conversación suele girar entera alrededor del quirófano. Y sin embargo, entre el día que te dan la fecha y el día que entras, hay muchas veces tres, cuatro o seis semanas que son una oportunidad enorme y que se dejan pasar. No para hacer nada heroico. Para llegar en mejores condiciones.

Ya hablé de qué hacer durante los otros tratamientos —qué comer durante la radioterapia y qué suplementos tomar y cuáles evitar durante la quimioterapia—, pero la cirugía tiene sus reglas propias. Vamos a ellas.

¿Qué es la prehabilitación y para qué sirve de verdad?

La prehabilitación consiste en preparar el cuerpo antes de la operación, igual que se rehabilita después. Tiene tres patas: ejercicio, nutrición y apoyo psicológico.

Aquí conviene ser precisa con lo que dicen los datos, porque se ha vendido a veces como algo que reduce las complicaciones y eso no es exactamente lo que se ha demostrado. Un metanálisis en red publicado en 2026 en el Journal of Gastrointestinal Surgery (Xiang y colaboradores) reunió 22 ensayos aleatorizados con 1.545 personas operadas de cáncer colorrectal. Resultado: la prehabilitación mejoró la recuperación funcional medida con el test de la marcha de 6 minutos, y la combinación más completa —ejercicio + nutrición + apoyo psicológico— fue la que mejor resultado obtuvo. En cambio, no se encontraron beneficios consistentes en días de ingreso, reingresos a 30 días ni complicaciones.

Es decir: prepararte hace que te recuperes antes y llegues con más reserva, que no es poco. Pero no es una póliza de seguro contra las complicaciones, y quien te lo venda así te está engañando.

Lo práctico, si tienes tres o cuatro semanas por delante:

  • Camina todos los días, si puedes a buen ritmo, y añade dos o tres sesiones de fuerza con el peso del cuerpo o con gomas. La pierna y el core son prioritarios.
  • Cuenta la proteína. No es intuitivo, pero es lo que más se descuida.
  • Deja el tabaco y el alcohol en cuanto tengas la fecha. Es de las intervenciones preoperatorias con mejor relación esfuerzo-beneficio que existen.
  • Duerme. El sueño es parte de la preparación, no un extra.

¿Cuánta proteína necesito antes y después de operarme?

Más de la que se come habitualmente en España, y bastante más de la que se come cuando hay poco apetito o náuseas.

La cifra que se maneja en el contexto quirúrgico y oncológico está en torno a 1,2-1,5 gramos de proteína por kilo de peso y día, frente a los 0,8 g/kg de la población general sana. Para una persona de 65 kilos eso son entre 78 y 98 gramos diarios: bastante más que una tortilla y un yogur.

¿Por qué importa tanto? Porque después de una cirugía el cuerpo entra en un estado catabólico: gasta más, y si no le das material, lo saca del músculo. Y perder músculo en ese momento es exactamente lo que no quieres, porque la masa muscular predice la tolerancia a los tratamientos posteriores y la capacidad de volver a tu vida. Lo desarrollé al hablar de la pérdida de músculo con la edad, y en el contexto quirúrgico el mecanismo es el mismo, solo que acelerado.

Cómo llegar a esa cifra sin agobios:

  • Proteína en las tres comidas, no solo en la cena. Repartirla se absorbe mejor que concentrarla.
  • Legumbres, huevos, pescado, lácteos si los toleras, tofu y tempeh.
  • Si el apetito falla —y después de operar suele fallar—, prioriza densidad sobre volumen: raciones pequeñas y frecuentes, y evita llenarte de líquidos justo antes de comer.
  • Cuando comer se hace cuesta arriba, un batido con leche o bebida vegetal enriquecida, fruta y una cucharada de proteína en polvo puede resolver una toma entera.

En ese hueco es donde tiene sentido un colágeno hidrolizado como el de OFM: se disuelve en cualquier cosa, no da sensación de plenitud y suma gramos de proteína sin esfuerzo. Ahora bien, honestidad por delante: el colágeno no es una proteína completa —le falta triptófano y anda escaso en otros aminoácidos esenciales—, así que suma, no sustituye. La base tienen que ser las proteínas de la comida.

¿Sirven los suplementos para cicatrizar mejor?

Depende mucho de cuál, y aquí hay que separar dos mundos que se confunden todo el rato.

Lo que sí tiene datos sólidos es la inmunonutrición, y no es un bote de la herboristería. Son fórmulas específicas enriquecidas en arginina, nucleótidos y ácidos grasos omega-3, que se toman en los días previos y posteriores a la cirugía. Una revisión sistemática con metanálisis publicada en 2026 en Advances in Nutrition (Budai y colaboradores) analizó 90 ensayos aleatorizados, con 55 de ellos en el metanálisis y datos de 7.462 pacientes con cáncer digestivo. Los resultados de esas fórmulas administradas en el perioperatorio:

  • Fuga anastomótica (que la sutura del intestino no cierre bien): odds ratio 0,62 (IC 95 %: 0,50-0,76).
  • Infección respiratoria: OR 0,46. Infección urinaria: OR 0,58. Infección de la herida: OR 0,67. Sepsis: OR 0,45.
  • Estancia hospitalaria: 2,47 días menos de media.
  • Supervivencia global: sin efecto significativo.

Y el dato que más conviene retener: el omega-3 solo, sin arginina ni nucleótidos, no redujo la morbilidad postoperatoria. La combinación es la que funciona, no el ingrediente suelto. Así que si alguien te sugiere comprar cápsulas de omega-3 por tu cuenta para cicatrizar mejor, ese estudio dice justo lo contrario. Esto se pide en la consulta de cirugía o en nutrición del hospital, no en una tienda.

Del resto —vitamina C a dosis altas, zinc, arginina aislada, colágeno— no hay evidencia de que aceleren la cicatrización en personas bien nutridas. Lo que sí la retrasa, y mucho, es estar desnutrido, ser diabético mal controlado, fumar o tener un déficit real de algún nutriente. Corregir eso vale más que cualquier fórmula.

¿Tengo que suspender los suplementos antes de la cirugía?

Casi con seguridad, sí, y esta es probablemente la parte más importante de todo el artículo.

Muchos productos naturales aumentan el riesgo de sangrado o interfieren con la anestesia. La norma habitual es suspenderlos entre una y dos semanas antes, siguiendo siempre lo que te indique tu equipo. Los que más se vigilan:

  • Riesgo de sangrado: omega-3 a dosis altas, ginkgo biloba, ajo en concentrado, vitamina E a dosis altas, cúrcuma a dosis altas, jengibre en cantidad, ginseng.
  • Interacción con la anestesia o sedación: valeriana, kava, melatonina, cannabidiol.
  • Interacción farmacológica seria: hipérico o hierba de San Juan, que altera el metabolismo de muchísimos fármacos.

Y hay una cosa que se hace mal casi siempre: contarlo. Se declara la medicación y se callan las cápsulas, las infusiones y los polvos, porque “eso es natural”. Natural no significa inerte. Lleva a la consulta preanestésica una lista escrita con todo, marcas y dosis incluidas, y que decidan ellos qué se queda y qué se va.

¿Sigo teniendo que estar doce horas en ayunas?

En la mayoría de los centros, ya no, y es uno de los cambios más importantes de los últimos años.

Los protocolos ERAS —recuperación intensificada tras cirugía—, cuya versión más reciente para cirugía colorrectal electiva es la recomendación de 2025 de la ERAS Society publicada en Surgery, recomiendan evitar el ayuno prolongado: líquidos claros hasta unas 2 horas antes y sólidos hasta unas 6, con una bebida rica en hidratos de carbono la noche antes y unas horas antes de entrar. La lógica es que llegar al quirófano deshidratado y con las reservas vacías empeora la respuesta al estrés quirúrgico, la resistencia a la insulina posterior y las náuseas.

Después de la operación, la misma filosofía: volver a beber y comer pronto en lugar de esperar días a “que suenen los ruidos intestinales”, y levantarse de la cama el mismo día o al siguiente.

Importante: cada hospital tiene su protocolo y cada cirugía sus particularidades. Lo que manda es la instrucción de tu equipo, no lo que leas aquí. Pero si te dicen que no comas ni bebas desde la medianoche para una operación de la tarde, es perfectamente razonable preguntar si en tu centro siguen protocolos ERAS.

¿Qué como en los días siguientes a la operación?

Con calma y por fases, que es como el intestino vuelve a ponerse en marcha.

  1. Primeras horas: líquidos claros según te autoricen. Sorbos pequeños y frecuentes.
  2. Primeros días: texturas suaves y fáciles —cremas de verdura con una base proteica, purés, yogur, huevo revuelto, pescado blanco—, en tomas pequeñas cada 2-3 horas.
  3. Reintroducción: vuelve la fibra poco a poco. Empieza por verdura cocida y fruta pelada antes que por crudos y legumbre entera.
  4. Semanas siguientes: dieta completa, con proteína en cada comida y fibra suficiente para regular el tránsito, que después de una cirugía abdominal suele andar revuelto.

Dos avisos con nombre propio. Si te han operado del aparato digestivo, las indicaciones son específicas de la técnica que te hayan hecho y las marca tu equipo. Y si sales con una ostomía, hay pautas particulares de hidratación, sal y fibra que merecen su propia consulta con nutrición.

¿Y el estreñimiento y la falta de apetito de después?

Son las dos quejas más universales del postoperatorio, y las dos tienen mucho que ver con los analgésicos.

Los opioides estriñen de forma casi inevitable. Anticiparlo es mejor que perseguirlo: agua suficiente, fruta cocida —la ciruela y el kiwi ayudan de verdad—, verdura cocida, un poco de AOVE en crudo y, sobre todo, caminar. El movimiento es el mejor laxante que existe. Si aun así no se resuelve en dos o tres días, pídele a tu médico un laxante suave; no es cuestión de aguantar.

La falta de apetito se maneja al revés de lo que dicta la intuición: platos pequeños y bonitos en lugar de platos grandes que abruman, comer por reloj y no por hambre, priorizar lo denso en nutrientes cuando solo entran cuatro cucharadas, y beber entre comidas y no durante.

¿Qué haría yo si me acabaran de dar fecha de quirófano?

Lo primero, dejar de mirar solo el calendario y empezar a usarlo.

Pediría una consulta con nutrición del propio hospital si existe, y preguntaría explícitamente por prehabilitación y por inmunonutrición: son dos palabras que abren puertas y que muchas veces no se ofrecen si no las nombras.

Contaría la proteína de un día normal, sin trampas. Si no llego, la subiría de forma sencilla: legumbre a mediodía, proteína en el desayuno y, si el apetito falla, un batido con colágeno hidrolizado como refuerzo, nunca como sustituto.

Caminaría todos los días y añadiría fuerza dos o tres veces por semana, aunque sean quince minutos con gomas en el salón.

Haría una lista escrita de absolutamente todo lo que tomo, incluidas infusiones, y la llevaría a la preanestesia.

Y no dejaría para el último día las preguntas prácticas: cuántas horas de ayuno, si dan bebida de hidratos, cuándo podré beber y cuándo levantarme.

Prepararse no es un extra ni un capricho: es parte del tratamiento. No cambia el diagnóstico ni sustituye a nada de lo que va a hacer tu equipo, pero sí cambia con qué reserva llegas y con qué rapidez vuelves a tu vida. Y eso, cuando estás en medio de un proceso así, importa mucho.

Como siempre: habla con tu oncólogo, tu cirujano y tu anestesista antes de cambiar nada, y muy especialmente antes de tomar o de retirar cualquier suplemento.

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