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OFM Health
Dra. · Salud Integrativa ODILE FERNÁNDEZ
Oncología

Qué comer si tienes cáncer de colon o de recto

Qué comer con un cáncer de colon o de recto: la fibra de cereales integrales, los frutos secos, la carne procesada y qué pasó con la vitamina D en ensayos.

Actualizado el 10 min de lectura
Mujer de unos 55 años desayunando con calma en la mesa de madera de su casa, junto a una ventana, con un bol de avena con frutos rojos y nueces, un platito de pera cortada, un cuenco de nueces y una taza de café
En este artículo
  1. 01 ¿Importa lo que comas después del diagnóstico?
  2. 02 ¿Qué dice la evidencia sobre la fibra?
  3. 03 ¿Hay que dejar la carne roja y la procesada?
  4. 04 ¿Y los frutos secos y el café?
  5. 05 ¿Sirve la vitamina D?
  6. 06 ¿Qué comer si el tratamiento te está sentando mal?
  7. 07 ¿Qué precauciones conviene tener siempre?
  8. 08 ¿Puedo tomar azúcar si tengo cáncer de colon?
  9. 09 ¿Ayudan los probióticos?
  10. 10 ¿Hay que evitar la fibra para siempre después de una cirugía de colon?
  11. 11 ¿El café está permitido durante la quimioterapia?
  12. 12 Si mi analítica de vitamina D es normal, ¿me aporta algo suplementarme?
  13. 13 ¿Puede la alimentación evitar que el cáncer vuelva?

En el cáncer de colon y de recto la alimentación sí se ha estudiado después del diagnóstico, y los datos apuntan siempre en la misma dirección: más fibra de cereales integrales, legumbres, verduras y frutos secos, y menos carne procesada, azúcar y ultraprocesados. Durante el tratamiento manda la tolerancia; después, el patrón de fondo.

Lo importante en 30 segundos

  • En personas operadas de un cáncer de colon en estadio III, seguir las recomendaciones de alimentación y actividad física se asoció a mejor supervivencia en un estudio publicado en JAMA Oncology.
  • Cada 5 gramos diarios más de fibra procedente de cereales integrales tras el diagnóstico se asoció a menor mortalidad en un análisis de dos grandes cohortes.
  • El patrón occidental (carne roja y procesada, cereales refinados, postres azucarados) se asoció a más recaídas en un estudio clásico de 2007.
  • Son estudios observacionales: describen una asociación fuerte y coherente, no demuestran causa y efecto. Ninguno sustituye al tratamiento.
  • La vitamina D es el caso más ilustrativo: prometía mucho y los dos ensayos aleatorizados que la pusieron a prueba no alcanzaron su objetivo principal.

Cuando llega un diagnóstico de cáncer de colon o de recto, la pregunta sobre la comida aparece muy pronto y casi nunca con una respuesta ordenada. Es una pregunta razonable: hablamos de un tumor que se desarrolla precisamente en el tubo digestivo, con una relación bien establecida con la alimentación en la etapa de prevención. Lo que mucha gente no sabe es que también se ha investigado lo que ocurre después del diagnóstico, y que ahí hay bastante más información de la que suele llegar a la consulta.

Ordeno lo que sabemos, separando lo que tiene datos detrás de lo que es simplemente sensato.

¿Importa lo que comas después del diagnóstico?

Todo apunta a que sí, aunque con la prudencia que impone el tipo de estudio disponible.

El trabajo más citado analizó a 992 personas operadas de un cáncer de colon en estadio III que participaban en un ensayo de quimioterapia, el CALGB 89803, y comprobó en qué medida seguían las recomendaciones de alimentación y actividad física de la American Cancer Society. Los resultados se publicaron en JAMA Oncology (Van Blarigan y cols., 2018, PMID 29710284): quienes más se ajustaban a esas recomendaciones tuvieron mejor supervivencia global y libre de enfermedad que quienes menos.

Un matiz que me parece honesto señalar: se trata de un estudio observacional dentro de un ensayo. Las personas que comen mejor y se mueven más suelen diferenciarse también en otras cosas, y por mucho que se ajusten los análisis eso nunca se controla del todo. Lo que tenemos es una asociación consistente y biológicamente plausible, no una demostración de causalidad. Aun así, es de lo mejor que hay en este terreno.

¿Qué dice la evidencia sobre la fibra?

Es probablemente el dato más sólido y el más fácil de aplicar.

Un análisis publicado en JAMA Oncology (Song y cols., 2018, PMID 29098294) siguió a 1.575 profesionales sanitarios diagnosticados de cáncer colorrectal no metastásico dentro de dos grandes cohortes estadounidenses. Encontró que una mayor ingesta de fibra después del diagnóstico se asociaba a menor mortalidad, y que el beneficio se concentraba en la fibra de cereales integrales: por cada 5 gramos diarios adicionales, la mortalidad por cáncer colorrectal fue menor. Los cereales integrales por sí mismos mostraron la misma dirección. La fibra de fruta y verdura no mostró esa asociación con la misma claridad, lo cual no es un argumento para comer menos verdura, sino una pista sobre el mecanismo.

En la práctica esto significa avena, pan y pasta realmente integrales, arroz integral, legumbres. Si quieres entender mejor cómo trabaja la fibra en el intestino, aquí lo explico con detalle.

¿Hay que dejar la carne roja y la procesada?

La carne procesada es la única que yo situaría en la columna de “mejor fuera de la rutina”: embutidos, salchichas, bacon, fiambres curados. Está clasificada como carcinógeno del grupo 1 para el cáncer colorrectal, y esa clasificación se hizo pensando en la prevención, pero no hay ninguna razón para creer que el mecanismo desaparezca tras un diagnóstico.

Con la carne roja sin procesar el mensaje es distinto: moderar, no eliminar. Es una fuente útil de proteína y de hierro, y durante el tratamiento la proteína y el hierro importan bastante.

El estudio de referencia sobre patrones completos sigue siendo el de Meyerhardt y cols., publicado en JAMA en 2007 (PMID 17699009), también en pacientes con cáncer de colon en estadio III: quienes seguían un patrón occidental —mucha carne roja y procesada, cereales refinados, postres y dulces, patatas fritas— tuvieron una tasa significativamente mayor de recurrencia y mortalidad que quienes seguían un patrón prudente. Fíjate en que el hallazgo es sobre el patrón, no sobre un alimento suelto. Eso es lo que hay que cambiar, y es una noticia razonablemente buena: nadie tiene que renunciar a un alimento concreto para siempre.

¿Y los frutos secos y el café?

Dos hallazgos curiosos del mismo grupo de investigación y de la misma población de estudio.

En Journal of Clinical Oncology (Fadelu y cols., 2018, PMID 29489429) se observó que las personas con cáncer de colon en estadio III que tomaban dos o más raciones de frutos secos de cáscara a la semana (unos 28 gramos por ración) tuvieron mejor supervivencia libre de enfermedad que las que no tomaban. El efecto se vio con los frutos secos de árbol —nueces, almendras, avellanas— y no con los cacahuetes.

En la misma cohorte (Guercio y cols., JCO 2015, PMID 26282659) se describió una asociación entre el consumo de café con cafeína (a partir de cuatro tazas diarias) y menor recurrencia. Este último dato lo cuento con más cautela: cuatro tazas son muchas, la asociación es observacional y nadie debería empezar a beber café por esto. Lo que sí permite es dejar de preocuparse si ya lo tomabas.

Y una advertencia práctica sobre los frutos secos: si tienes la mucosa intestinal irritada por la quimioterapia o la radioterapia, o acabas de pasar por cirugía, este no es el momento. Ya llegará.

¿Sirve la vitamina D?

Es el ejemplo perfecto de por qué hace falta prudencia, y merece contarse entero.

La observación de partida era muy prometedora: niveles bajos de vitamina D se asocian de forma bastante constante a peor evolución en el cáncer colorrectal. Cuando eso se puso a prueba en ensayos aleatorizados, el resultado fue más sobrio.

El ensayo SUNSHINE (Ng y cols., JAMA 2019, PMID 30964527) comparó vitamina D3 en dosis alta frente a dosis estándar en 139 personas con cáncer colorrectal avanzado o metastásico que recibían quimioterapia. La diferencia en supervivencia libre de progresión, su objetivo principal, no alcanzó la significación estadística; los propios autores lo presentaron como un resultado que justifica un ensayo mayor, no como una recomendación.

El ensayo AMATERASU (Urashima y cols., JAMA 2019, PMID 30964526) dio 2.000 UI diarias de vitamina D3 o placebo a 417 personas operadas de cáncer del tubo digestivo y tampoco encontró diferencias significativas en supervivencia libre de recaída.

¿Conclusión sensata? La vitamina D no es un tratamiento del cáncer de colon. Sí es razonable corregir un déficit, que en España es muy frecuente en otoño e invierno y más aún si pasas muchas horas en casa durante el tratamiento, porque el déficit tiene consecuencias propias en hueso y en músculo. Eso se hace con una analítica de 25-OH-vitamina D y con la dosis que indique tu médico. Si quieres el panorama completo, lo tienes en mi guía sobre la vitamina D; y si tu médico te indica un aporte de mantenimiento, en OFM tenemos una vitamina D3 vegana formulada con K2 y magnesio.

¿Qué comer si el tratamiento te está sentando mal?

Aquí cambia la prioridad por completo, y esto es lo que más confunde a la gente. Durante las semanas de quimioterapia o radioterapia el objetivo no es el patrón ideal: es comer, mantener el peso y no perder masa muscular. La fibra integral y las legumbres pueden esperar.

  • Con diarrea: arroz blanco, patata cocida, zanahoria cocida, plátano maduro, pescado blanco, caldos con sal. Temporalmente menos fibra insoluble, menos lactosa y nada de picante ni de cafeína en exceso. Lo desarrollo en este artículo sobre estreñimiento y diarrea en quimioterapia.
  • Con la boca irritada: texturas suaves, nada ácido ni muy caliente, y enriquecer en lugar de aumentar el volumen del plato.
  • Sin apetito: comidas pequeñas y frecuentes, y priorizar la proteína en cada una.
  • Después de la cirugía: hay una secuencia concreta de reintroducción de alimentos que conviene respetar, y la cuento en alimentación antes y después de una cirugía oncológica.

Cuando los síntomas pasan, se vuelve poco a poco al patrón de fondo. No al revés.

¿Qué precauciones conviene tener siempre?

  • Ningún alimento ni suplemento sustituye al tratamiento oncológico. Lo escribo así, sin rodeos, porque en este tumor circulan muchas propuestas alternativas.
  • Avisa siempre de los suplementos que tomas a tu oncólogo, especialmente si estás con quimioterapia. Algunos antioxidantes a dosis altas y algunas plantas interfieren con el metabolismo de los fármacos.
  • Si llevas una ostomía, la pauta es individual y la marca tu enfermera especializada: hay alimentos que aumentan el gas o el olor y otros que espesan o aligeran el efluente, y esto no se resuelve con reglas generales.
  • Si tomas anticoagulantes, no hace falta evitar las verduras de hoja, pero sí mantener una cantidad estable semana a semana.
  • Alcohol: es un factor de riesgo establecido para este tumor, y el consejo razonable es no incorporarlo.
  • Vigila el peso, tanto a la baja como al alza. La pérdida de masa muscular durante el tratamiento y el sobrepeso después son dos problemas distintos y los dos importan.

¿Puedo tomar azúcar si tengo cáncer de colon?

Un dulce puntual no va a cambiar el curso de tu enfermedad, y esa es la respuesta honesta. Lo que sí pesa es el conjunto: los postres azucarados y las bebidas dulces formaban parte del patrón occidental que se asoció a más recurrencias, y desplazan alimentos que interesan. Y si estás en tratamiento con poco apetito, tampoco tiene sentido llenar el estómago con calorías que no aportan nada más.

¿Ayudan los probióticos?

Depende mucho del momento. Hay datos sobre probióticos para reducir la diarrea asociada a algunos tratamientos, pero también situaciones en las que no se recomiendan, sobre todo con las defensas muy bajas o con un catéter central. No es un suplemento para tomar por defecto: lo he detallado en cuándo sí y cuándo no tomar probióticos en quimioterapia, y conviene preguntarlo antes de empezar.

¿Hay que evitar la fibra para siempre después de una cirugía de colon?

No. En las primeras semanas se reduce de forma deliberada, y después se reintroduce poco a poco, empezando por la fibra soluble (avena, fruta cocida y pelada, zanahoria, calabacín) y añadiendo más tarde legumbres y cereal integral. El objetivo a medio plazo es volver a una alimentación rica en fibra, no quedarse en la dieta blanda. La velocidad depende del tipo de cirugía y la marca tu equipo.

¿El café está permitido durante la quimioterapia?

En general sí, con moderación y salvo que te siente mal. Si tienes diarrea, reflujo o la boca irritada, el café suele empeorar esos síntomas y es razonable dejarlo esos días. Y aunque el dato del estudio de Guercio sea llamativo, no es motivo para forzarse a beber cuatro tazas: nadie ha demostrado que hacerlo a propósito consiga ese efecto.

Si mi analítica de vitamina D es normal, ¿me aporta algo suplementarme?

No hay datos que lo respalden. Los dos ensayos aleatorizados que probaron dosis altas de vitamina D en cáncer digestivo no alcanzaron su objetivo principal, así que la lógica de “más es mejor” no se sostiene aquí. Con niveles correctos, el papel de la vitamina D es de mantenimiento, y el momento de valorarla es con una analítica y con tu médico.

¿Puede la alimentación evitar que el cáncer vuelva?

Nadie puede prometerte eso, y desconfía de quien lo haga. Lo que muestran los estudios es que un patrón de alimentación y de actividad física cuidado se asocia a mejores resultados, lo que es distinto de una garantía individual. Aun así, es una de las pocas cosas de todo este proceso que está en tus manos, y merece la pena por muchas razones más allá del tumor: energía, ánimo, hueso, músculo y corazón.


Si acabas de terminar el tratamiento y te preguntas qué mantener y qué dejar, te será útil qué suplementos tienen sentido después del tratamiento oncológico.

Este artículo es información divulgativa y no sustituye la valoración de tu oncólogo. Cualquier cambio en tu alimentación o en tu suplementación durante un tratamiento oncológico debería comentarse con el equipo que lleva tu seguimiento.

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